Entre la muerte y la esperanza
Procesión de La Soledad / José Luis Fernández / Archivo
Hay días que no encajan bien en ninguna categoría. No son fiesta, pero tampoco rutina. No son ruido, pero tampoco silencio del todo. El Sábado Santo es uno de ellos. Queda ahí, en medio. Entre lo que ya ha pasado y lo que está por venir. En Zamora se percibe con claridad. Después de la intensidad de los días anteriores, algo cambia. Las calles parecen más contenidas, el ritmo es distinto. No hay ese desbordamiento de emoción, pero tampoco indiferencia. Es otra cosa. Más difícil de explicar.
Desde fuera podría parecer un día vacío. En el relato cristiano, Cristo ha muerto y la resurrección aún no ha llegado. No hay acción, no hay desenlace. Solo espera. Y, sin embargo, ese "no pasa nada" tiene mucho fondo.
El cerebro humano no lleva bien los finales abiertos. Está........
