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Melancolía hacia ninguna parte

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14.08.2026

Melancolía hacia ninguna parte / Thierry Cuzin 85

Quizás la tristeza misma sea un hogar donde todas las habitaciones dan a la misma ausencia, pero hay una melancolía que no viene ni va hacia ninguna parte, que no sabe qué quiere, ni procede en concreto de ninguna decepción o desgracia, ni de una enfermedad, ni siquiera de una pérdida. Una melancolía que es y se comporta como una bruma tibia de penumbra que se sienta a nuestro lado mientras desayunamos o miramos por la terraza de un ático las copas de los árboles con un vaso de vino blanco en la mano. Esa tristeza escucha la misma música y las mismas noticias que nosotros, apenas dice nada y ese silencio suyo te hace comprender y asumir que vivir es recibir un préstamo de amor y de belleza que un día tendrás que devolver.

Melancolía de existir

Al contrario de lo que pudiera parecer, esa ‘melancolía de existir’ no radica en renunciar a la vida, sino en amarla tanto que nos duela, tanto, tanto, tanto, que queramos bebérnosla a puñados como el agua que nace en los manantiales que brotan a ras del suelo. Hay algo heroico en esa obstinación, algo de maravilla inigualable. Algo como lo que me ocurría de niño cuando terminaba el verano y yo quería más, siempre quería más.

Toda melancolía es complicada porque no tiene brújulas y es solo un animal enfermo que avanza por el alma sin saber si está persiguiendo un recuerdo o el trasluz de un vaso de ginebra. A veces se detiene en mitad de tus venas y respira como si hubiera subido una montaña puntiaguda. A veces se sale nosotros y se pasea por las calles medio vacías........

© La Opinión de Murcia