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Yo también soy de Jesús Castellanos

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01.04.2026

Jesús Castellanos fue el pregonero del año 2000. / Archivo Agrupación de Cofradías

Con el paso de los años, desde esa perspectiva que el tiempo va marcando, además de la madurez personal con el paso de adolescente a adulto, me doy cuenta de la huella que Jesús Castellanos dejó a toda una generación de cofrades que tuvimos la suerte de tratarlo, sin ser conscientes muchos de nosotros.

No voy a relatar ahora ni descubrir todos sus logros desde el punto de vista creativo, histórico, cultural y humano que hizo transformar la Semana Santa de Málaga desde su prisma tan característico. Fue un humanista en el sentido más renacentista de la palabra que su pronta partida hizo que se quedara la Málaga cofrade huérfana, a la que costó un tiempo saber sobreponerse y aprender a cubrir el vacío que su persona nos dejó.

El Jesús que yo conocí era una persona inquieta, especialmente atento a los jóvenes, con quienes nunca tenía pereza ni excusas y siempre proponía planes de acción. Siempre le venía bien quedar contigo y atender tus preocupaciones cofrades.

Un día, nos encontramos por las calles del Perchel y fuimos andando hasta Santo Domingo. Por ese camino trazábamos itinerarios imaginados de cofradías. Su imaginario, cuando hablaba conmigo, se centraba en Viñeros y, cómo no, en Dolores del Puente y la Estrella. De Viñeros me hablaba de su posible palio, del terciopelo que usaría, más romé que negro, descartando la malla… De su Virgen de los Dolores solamente cabía el estilo antequerano… A mí, en aquella época me costaba verlo en mi mente y él se esforzaba en describírmelo detalladamente, pero yo torpemente seguía sin adivinar cómo quería hacer tan característico trono en Málaga.

Ya en Santo Domingo me llevaba presto a la capilla del Cristo del Perdón, me mostraba orgulloso las escayolas del techo que él rescató y restauró, y la Virgencita de la Encarnación, que me decía que era la antigua titular de la Estrella, que una familia guardó durante muchas décadas y que donó a la cofradía, pero no podía tener la misma advocación bajo un mismo templo.

En la capilla de la Estrella, me hablaba de los sayones de Suso de Marcos, pero él prefería al cristo de Palma Burgos en solitario, con un suelo de tulipas… Yo le decía que mi abuelo materno sirvió a Paco Palma de modelo para sus bocetos por la amistad que se tenían y que posiblemente, además de Zamarrilla, también estaba su esencia en la Humillación.

Subíamos a las antiguas dependencias de la casa hermandad de los Dolores del Puente y mostraba con muchísima emoción cómo las mujeres de la hermandad bordaban el manto. Yo ingenuamente le decía: ¡pero no son profesionales, puede haber errores! Y él, con toda naturalidad me contestaba que estaban poniendo todo su amor en bordar para su Virgen, que si hubiera errores con los hilos de oro, su Madre lo prefería así.

Otro día recuerdo que, tras su Pregón de Semana Santa en el año 2000, una tarde fui en su búsqueda con el libro del pregón para que me lo dedicara. Tenía una Misa de Hermandad de los Dolores del Puente y en aquellos años, me llamó la atención que él, siendo Hermano Mayor, ni siquiera vistiera traje, sino que fuera con un jersey… Así era él, dando catequesis en silencio a todos los cofrades, enseñándonos que la esencia de la Eucaristía era lo importante y las apariencias no son parte de la Iglesia. Para el cofrade la estética es muy importante, pero no podemos olvidarnos lo que tiene y debe mover al cristiano.


© La Opinión de Málaga