El poder y los hombres
Trump y Netanyahu. / Daniel Torok / Daniel Torok/White House/dpa
Existe una creencia popular, casi un consuelo colectivo, que sostiene que el poder corrompe a quienes lo ejercen. Es una idea tranquilizadora porque desplaza la responsabilidad: el cargo sería el culpable, no la persona. Pero la realidad es más incómoda. El poder no transforma a los hombres; simplemente los revela. Quita la máscara de la cortesía social, elimina los frenos que impone la convivencia y deja al descubierto lo que siempre estuvo ahí. Y cuando nadie los para, esos poderosos que se creen intocables arrasan con todo. Lo estamos viendo en Estados Unidos. Lo que antaño fue proclamado como cuna de la libertad, ese faro democrático que el mundo miraba con admiración y, a veces, con recelo, está gobernado hoy por un hombre cuya hambre de poder no conoce límites ni escrúpulos. Un hombre que........
