La mirada
La neurocientífica Doris Tsao, en el laboratorio del Instituto de Tecnología de California en Pasadena. / John D. and Catherine T. MacArthur Foundation
San Agustín intentó en sus Confesiones descubrir qué es el tiempo. Y no encontró respuesta. Decía: «Si nadie me lo pregunta, lo sé; pero si quiero explicárselo al que me lo pregunta, no lo sé». Algo parecido podría decirse de la mirada. Sabemos en qué consiste, conocemos su mecánica, percibimos su intensidad o su languidez. Uno observa cómo incide la luz sobre la pintura (los cielos de Velázquez, por ejemplo, o los nenúfares de Monet o el azul delirante, casi eléctrico, del Descendimiento de Rogier van der Weyden) o cómo se desplaza sobre la ladera de una montaña o sobre un cuerpo desnudo. La mirada, nos enseñan los filósofos, nos humaniza, ya que permite —quizás aún más que el tacto y el oído—........
