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¿Ser de Vox a la fuerza?

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21.04.2026

Cuando murió Franco quedó Blas Piñar, pongo por caso. Recuerdo que aquel hombre fue a Tenerife, donde nací y donde empecé a ser periodista, poco después de la muerte del dictador. Se le veía fuerte, burlón, aguerrido, esa cabeza por encima de un cuello que parecía hecho para volar sobre nosotros, dándonos órdenes e ilustrando con su rabia los discursos que nos daba.

Seguidores de aquel líder que estaba entre José Antonio y el agua bendita, vociferantes y malevos, nos perseguían a los periodistas que cubríamos aquella visita como si fuéramos sospechosos de la derrota que la naturaleza infligió a aquel personaje que se peinaba como si el muerto le fuera a pedir cuentas. Fue un momento horrible e inolvidable.

En aquella escala de Blas Piñar, sus seguidores nos reñían con saña, se burlaban de nuestro trabajo y nos auguraban tiempos peores, más duros aún que aquellos que quedaban atrás. Igual vestigio de la maldad que allí sufríamos se producía en cualquier otro lugar de España donde los fascistas de la estirpe de Blas Piñar se........

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