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Tanta pasión, ¿para nada?

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06.04.2026

Nací en un lugar en el que las procesiones constituían el acontecimiento del año. Aún ocurre, incluso más que entonces. Como niño, las figuras tenebristas me impresionaban. Las luces de faroles y velas entre flores, que amplificaban el horror de la muerte, el aire funerario que lo acompañaba todo. No entendía bien tanta tristeza, con la música solemne y el lento pasar de las imágenes, ni los pies descalzos. Hoy, sigo sin ser un convencido del arte barroco (me va más el románico, como al gran Peridis), pero entiendo que a muchos les abrace la tarde con figuras de la pasión recortadas con cierta sorpresa sobre el entorno urbano de última generación, dibujando sombras de otro tiempo, recordando la sangre y la intolerancia, que siempre vuelven.

Mi mirada profundamente laica no me impide respetar todas estas manifestaciones. No entiendo, por tanto, los gritos contra ninguna religión. Son tiempos de ruido y confusión,........

© La Opinión A Coruña