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El Sporting de Gijón conquista un Zaragoza en guerra y a un paso de Primera Federación

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17.05.2026

El Sporting de Gijón conquista un Zaragoza (1-3) en guerra y a un paso de Primera Federación

Con goles de Perrin, Corredera y Amadou, el rojiblanco conquista un Ibercaja Estadio en un ambiente casi bélico

Así fue el partido entre el Sporting y el Zaragoza

Así fue el partido entre el Sporting y el Zaragoza / FC9

Cuatro meses después –anda que no ha cambiado la película– el Sporting de Gijón volvió a ganar a domicilio. El equipo rojiblanco venció (1-3) a un Real Zaragoza que se queda al borde del precipicio. Los rojiblancos asaltaron un campo en combustión como es ahora este Ibercaja Estadio. Un ejercicio de pragmatismo de los asturianos fue suficiente para sabotear a un Zaragoza que está muerto en vida, prácticamente club de la tercera categoría del fútbol español. La victoria ayuda al menos a aliviar el ambiente que se respira en Mareo y allanará seguro la despedida de un Borja Jiménez que al menos se siente respaldado por un grupo de zagales que desde que se conoció el adiós de su líder no se han dejado llevar.

Todo lo que sucedió fuera y dentro del estadio afectó sobremanera al espectáculo y hundió a un Real Zaragoza muerto de ansiedad, ahogado en su propio campo, víctima de sí mismo. La noche en el Ibercaja Estadio fue muy oscura: la protesta airosa de la afición maña fuera del estadio dio paso después a una todavía más llamativa, con el cielo lleno de dólares (hasta 40.000 se repartieron entre los abonados) en un ambiente de lo más crispado contra la gestión telemática del millonario norteamericano Jorge Mas. Los cánticos e insultos también alcanzaron en el propio partido a los jugadores locales. Todo bloqueó a un equipo local, que ya de por sí arrastraba sobre sus espaldas la carga de quien se siente a un paso de los infiernos, y que se sintió como un visitante en su propio feudo.

El encuentro no solo lo jugó el Zaragoza contra un –justo es reconocerlo– muy digno Sporting, sino más bien contra sí mismo. Y en esa batalla el conjunto maño pareció caer de espaldas.........

© La Nueva España