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Astillero

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27.03.2026

No fue suficiente el empuje presidencial para conseguir reformas electorales de mayor calado. El sistema tradicional de partidos políticos botó el plan A originalmente propuesto por la presidenta Sheinbaum y terminó aprobando una versión B orientada hacia puntos aritméticos y presupuestales que, siendo interesantes, no significan mucho más que un rediseño operativo, sin replanteamientos profundos y sustanciales.

A fin de cuentas, el procesamiento de la intencionalidad reformista fue manejado con ostentoso sentido contrario por las élites con poder operativo: Ricardo Monreal en la Cámara de Diputados y Adán Augusto López Hernández y su continuidad en el control del Senado, Ignacio Mier; los partidos ya no tan aliados, el Verde, histórica y comprobadamente adverso a los propósitos de la regeneración nacional y el del Trabajo, que cargó a su cuenta el costo del rechazo al punto más polémico del citado plan B: la autorización para que un hipotético ejercicio de........

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