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Alianza de sanciones

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27.02.2026

“La economía rusa se encuentra sin duda bajo asedio”, afirmó la semana pasada el siempre beligerante senador de EEUU Lindsey Graham, uno de los principales impulsores de la guerra hasta el final y entusiasta de seguir luchando “hasta el último ucraniano”. Optimista, Graham añadió que espera “que el Congreso apruebe el proyecto de ley de sanciones a Rusia en el que llevo trabajando con el senador Blumenthal desde hace más de un año, que permitiría al presidente imponer sanciones y aranceles a los países que compran petróleo ruso barato, lo que contribuye a financiar la maquinaria bélica de Putin”.

Cualquier momento es bueno para ejercer de lobista de sanciones con las que intentar minar la economía rusa, favoreciendo la reducción de ingresos necesarios para el mantenimiento del bienestar social y de la guerra y también eliminando cuota de mercado de un competidor del crudo estadounidense, principal argumento por el que Trump impuso el año pasado sanciones contra Rosneft y Lukoil, las dos principales petroleras rusas. “Esta legislación tiene una vigencia de tres años y está vinculada al conflicto entre Rusia y Ucrania en lo que respecta a la potestad arancelaria”, añadió Graham, frustrado al no haber conseguido luz verde de Trump para aprobar esta legislación, de la que afirma que supondría una herramienta económica indispensable al servicio del presidente “para empujar a Putin a la mesa de negociación”.

La idea de que solo más presión militar y económica puede obligar a Vladimir Putin a sentarse a negociar choca con varios hechos: que la economía rusa sigue viento en popa, que está a punto de ganar la guerra y que se hayan producido contactos con EEUU durante un año y ya está gestionándose la siguiente ronda de diálogo directo con Ucrania tras la reciente reunión.

La deriva de las posiciones políticas ha provocado que Lindsey Graham, hace no tanto considerado un radical obsesionado con la guerra –cualquier guerra-, se haya convertido en un aliado con el que Úrsula von der Leyen se fotografía sonriente y se reúne para constatar posturas que han resultado ser idénticas. Para todos ellos, negociación no es sinónimo de diálogo entre bloques o países enfrentados, sino que implica obligar al oponente a........

© La Haine