Hay jóvenes, hay esperanza
No sé cómo se llama el héroe vasco de 16 años que se resiste a soltar la bandera de España cuando cuatro renegados proetarras, valga la redundancia, caen sobre él. Símbolo de la rebeldía adolescente, este joven nos dice con su gesto que no pasa por el aro, que no agacha la cabeza ni acepta la comodidad bovina de engrosar las filas del odio en territorio hostil. Un odio institucional y subvencionado, que va de arriba abajo, que ampara la violencia separatista. Ahí tenemos al consejero de seguridad vasco, un tal Bingen Zupiria, que critica a la Policía Nacional por detener a dos de las alimañas (cargados de antecedentes) que patearon al chaval en el suelo en Bilbao.
Sabemos que los jóvenes son la esperanza en la medida en que los satélites gubernamentales les dictan las pautas de comportamiento. No seas patriota. No formes una familia. No comas carne. No conduzcas un coche de gasolina. Y si eres mujer, no te cases ni tengas hijos, empodérate, odia a los hombres. Estos medios —unido al coro de actores, influencers con menú en Burger King y tertulianos— son la correa de transmisión del poder y su misión es generar un clima de euforia permanente, desde romantizar el compartir piso a los treinta o dormir en la playa en vacaciones hasta la precariedad laboral.
La relación jóvenes-Estado es la del depredador con su presa. El Gobierno........
