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La herriko de la tiza

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16.03.2026

En 1985, Kortatu publicó Sarri, Sarri, canción que homenajeaba a los presos etarras Iñaki Pikabea y Joseba Sarrionandia, que escaparon de la prisión de Martutene ocultos en sendos altavoces después de un concierto del cantante Imanol. La abreviatura del apellido de este último, terrorista y escritor, dio título a una de las coplas más conocidas del llamado Rock Radical Vasco. En cuanto a Imanol, encarcelado en 1968 por su colaboración con ETA y amnistiado en 1977, su participación en un concierto en homenaje a Yoyes le granjeó la amenaza de la banda del hacha y la serpiente. 

Aquel movimiento, el del Rock Radical Vasco, en cierto modo, contrafigura de la Movida madrileña, tan instrumentalizada por Tierno Galván, contó con el apoyo institucional del gobierno vasco, consciente de que a la juventud había que ofrecerle una alternativa al chistu y el tamboril. Mirándose en el espejo del punk británico, grupos como Kortatu, alineado con el secesionismo, o variantes más bien ácratas, como La Polla Records, compusieron una banda sonora sobre la que se recortaron las acciones de los que Arzallus llamó chicos de la gasolina, pero también de las de sus mayores, los del tiro en la nuca, la bomba lapa y el amonal. Conviene recordar tan dolorosas imágenes, pues el Gobierno «de progreso» tiene prisa por olvidarlas. Urge pasar página ante el ascenso imparable de EH Bildu, que tanto inquieta a los jeltzales. Si en 1998, el PNV propició el Pacto de Estella, hoy es Otegui, ungido en su día por ZP, quien propone la creación de un frente soberanista o lista «nacional» en Vascongadas y Navarra para concurrir a las próximas elecciones generales. Una oferta envenenada, sin duda.

Aunque el rótulo «batalla cultural» se ha puesto de moda en los últimos años, al igual que ocurría con el dinosaurio de Monterroso, el combate siempre estuvo presente, pues todo proyecto político requiere de estética, de ideólogos y de creadores. Era cuestión de tiempo que el campo de batalla desbordara los potes y los bares. Sin apenas oposición, el proyecto secesionista progresa y gana espacios. Entre ellos la que, desde el año pasado se llama únicamente Euskal Herriko Unibertsitatea (EHU). Allí imparten doctrina varios exmiembros de ETA. El máster en Soberanía en los Pueblos de Europa, cuyo objetivo es «construir país», cuenta con Julen Zabalo Bilbao, integrante del comando Iparralde y condenado a 25 años de prisión, y con el citado Joseba Sarrionandia, como docentes.

La EHU tiene en plantilla a Eneko Compains Silva, profesor de Derecho Constitucional y admirador del proceso golpista catalán, y a Ainhoa Ozaeta, tesorera de la banda, que aporta su experiencia con los caudales en el Departamento de Economía de una universidad que acusa una flagrante falta de universalidad, como se pudo comprobar tras el reciente cierre del campus de Vitoria ante la celebración de acto de Vox que, sin embargo, produjo la valiente reacción de 40 profesores que denunciaron las facilidades que da el rectorado a colectivos «radicales».Fundada en 1980, la EHU busca, así lo afirma en sus Criterios lingüísticos para la elaboración y autorización de la oferta docente, formar a «los profesionales euskaldunes que la sociedad necesita». Ocurre, sin embargo, que en esa sociedad, la vasca, menos de la mitad de su población es capaz de hablar y entender bien el vascuence, por lo que, tras casi medio siglo de formación de profesionales, cabe cuestionar tal necesidad. Ante esta realidad, cabe preguntarse si el verdadero objetivo de esta institución no es otro que el de adoctrinar a los alumnos en materia de hispanofobia y blindar a un colectivo afín a los objetivos que toda España financia mediante el pufo.


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