Pensamiento libertario y participación popular en el siglo XXI
“Ignorantes del sitio en que estamos y de los pueblos que le
habitan, vagamos perdidos, arrastrados aquí por el viento y
las inmensas olas; dinos dónde nos hallamos, y nuestra mano,
agradecida, ofrecerá en tus altares numerosos sacrificios.”
Hoy en día, con una maquinaria estatal hiperdesarrollada, subsidiaria de un mercado omnipresente, y dada la inexistencia total de fuerzas sociales capaces de cuestionarla, la palabra “revolución” ha desaparecido del vocabulario de los oprimidos y explotados. No vemos por ningún lado esa afluencia masiva de descontentos de toda clase que vuelve inevitables las grandes conmociones sociales. Ya nadie siente la proximidad de grandes cambios y pocos son quienes los desean. En estas condiciones, el rechazo del principio de autoridad -tan común en los libertarios- tropieza con el muro infranqueable de la resignación. El pensamiento antiautoritario, al no poder confluir con ninguna revuelta, queda aprisionado en la propaganda, mientras que la acción, escasa y desconectada de un pensamiento realmente subversivo, carece de “la audacia de la idea” (como diría Kropotkin) y sigue direcciones que la contradicen. La parálisis del movimiento obrero, vieja de muchos años, redujo al mínimo las organizaciones anarcosindicalistas, el eje alrededor del cual rotaba el movimiento libertario. La institucionalización burocrática de la negociación laboral puso muy cuesta arriba a la acción directa de los trabajadores. Además, la presencia mayoritaria de miembros de las clases medias en la gestión de los conflictos actuales, notablemente identificadas con el Estado y las leyes burguesas, ha arrastrado cualquier movida hacia la confusión y el posibilismo. Una vez evaporado el proletariado radical, en lugar de minar la supremacía del........
