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Primavera

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31.05.2026

Una mujer con alergia / COFARES

Hay algo profundamente inquietante en que hayamos normalizado hablar de jueces conservadores y progresistas como si se tratara de una clasificación natural, inocua o incluso inevitable. Lo repetimos con tanta frecuencia en tertulias, medios de comunicación y debates políticos que apenas reparamos ya en la enorme contradicción que encierra. Porque si la justicia debe sustentarse sobre la imparcialidad y la aplicación objetiva de la ley, ¿qué significa exactamente que un juez sea identificado públicamente por su tendencia ideológica? ¿Y, sobre todo, qué consecuencias tiene eso para la confianza de la ciudadanía?

Naturalmente que los jueces tienen ideología. Como la tienen periodistas, enfermeras, profesores, ingenieros o cualquier otra persona. Pretender lo contrario sería absurdo. Nadie deja de tener convicciones personales en función a su profesión u ocupación. El problema no es que existan ideas. El problema aparece cuando esas ideas parecen proyectarse sobre la interpretación de la ley hasta el punto de que la ciudadanía acaba percibiendo que determinadas resoluciones pueden depender más de la sensibilidad ideológica del tribunal que de la propia norma jurídica.

Ahí es donde empieza el deterioro. Porque entonces la justicia deja de contemplarse como un espacio de garantías comunes para convertirse en una especie de lotería institucional donde el resultado parece condicionado por quién juzga, quién acusa, quién es acusado y cuál es el contexto político del momento. Una democracia puede soportar discrepancias jurídicas. Lo que difícilmente soporta es la sospecha creciente de que las decisiones judiciales fluctúan dependiendo del sesgo ideológico de quienes las adoptan.

Resulta especialmente preocupante cuando determinadas cuestiones vinculadas a derechos y libertades generan resoluciones aparentemente previsibles según la etiqueta ideológica atribuida al tribunal. Violencia de género, derechos de las personas LGTBI, eutanasia, aborto, migración, memoria democrática o determinadas causas políticas parecen haberse convertido, en demasiadas ocasiones, en escenarios donde parte de la ciudadanía ya anticipa qué posición tomará un juez incluso antes de conocer los argumentos jurídicos. Cuando eso ocurre, el problema deja de........

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