Los desastres como estrategia política
Vagones del Iryo descarrilado en Adamuz, durante los trabajos de investigación. / Guillermo Morales / Europa Press
No todo es política. Hay vida más allá. Y hay personas detrás de cualquier acontecimiento. La deshumanización de nuestra sociedad es tal que deben encenderse todas las luces de alarma y advertirnos de la pérdida de los valores que cimentaron nuestra civilización.
Y cuando hablo de política, hablo de la mala política. Como el otro día afirmaba el profesor Desantes, la política es hoy necesaria ante el caos en el que el mundo en general está cayendo. Política como forma de organización social, la que pone en el centro el buen gobierno, la que se preside por la cortesía y el buen comportamiento. Ante esta crisis mundial que anuncia el regreso a la ley de la fuerza, solo la buena política y la participación activa de la ciudadanía, son la solución. No el abstencionismo y la sumisión.
Pero tampoco la política partidista cuyos objetivos son tan limitados e inmediatos, como egoístas, inútiles e ineficaces para el común. Unos objetivos que ignoran que ahora parece querer imponerse, de nuevo, la razón de la fuerza sobre la fuerza de la razón. Trump no engaña y es el paradigma de un futuro que conviene evitar y al que hay que hacer frente desde la conciencia de un programa que no se puede compartir, ni por la derecha, ni por la izquierda. Y adoptar medidas eficaces, no lamentos sesgados, ni adhesiones sumisas.
El problema........
