El porno de Vox
Imagen de archivo del presidente de Vox, Santiago Abascal / Ricardo Rubio - Europa Press - Archivo
Vox mantiene su cruzada contra la educación sexual en las escuelas. Recientemente andan escandalizados por unos talleres dirigidos al alumnado del ciclo inicial de Primaria, a partir de 6 años, en la escuela pública Pins del Vallès. Sesiones como esas forman parte de una estrategia de la Generalitat de Catalunya para extender la educación afectiva y sexual al currículo escolar. La medida trata de prevenir los abusos infantiles y la mala educación de las redes. Pero, ¿desde cuándo los pirómanos se preocupan por el bienestar de los niños y las niñas?
Quizá han sido las palabras “genital” o “diversidad” las que han puesto los pelos como escarpias a los señores de Vox. ¿Qué niño necesita saber lo que es el clítoris?, deben pensar con esa mezcla de hipocresía y sandez tan propia de otras épocas. Qué añoranza de esos días pretéritos en los que se pregonaba el deleite del macho, la sumisión de la mujer, la persecución de la homosexualidad y la mordaza de los sufrientes.
Los menores abusados durante décadas en las escuelas religiosas saben muy bien las consecuencias del silencio, de la ignorancia y de la vergüenza. Difícilmente se puede denunciar lo que ni siquiera se entiende. Menos todavía si no se dispone de las palabras para expresar el sufrimiento. También lo saben los menores abusados en sus hogares y por su entorno más próximo.
El 75 % de los agresores forman parte del ámbito familiar, el domicilio de la víctima es el lugar donde con mayor frecuencia se producen las agresiones. Vox, siempre empecinado en equivocarse, no deja de reclamar un “pin parental” para que las familias puedan excluir a sus hijos del peligrosísimo “adoctrinamiento” escolar.
¿Para qué inmiscuir a las escuelas en la educación afectivo sexual cuando existe el porno y los gurús de la manosfera? La edad de acceso a la pornografía ya se ha adelantado a los ocho años y su uso está generalizado a los catorce. Estos datos son públicamente conocidos, también sus consecuencias en los jóvenes. Básicamente, un demoledor impacto en su desarrollo emocional, psicológico y social. Se fomentan actitudes violentas y machistas, se deshumanizan las relaciones y pueden provocar disfunciones sexuales. El porno que hoy llega de forma masiva y adictiva a los adolescentes tiene poco que ver con el de hace unas décadas. El contenido se ha extremado y resulta habitual encontrar situaciones de gran violencia, especialmente dirigida a mujeres, y aberraciones tales como agresiones a animales, bebés… No hace falta extenderse para entender la magnitud del problema al que nos enfrentamos.
La realidad es que la violencia sexual entre adolescentes no para de crecer. Resulta imposible e ingenuo creer que Vox desconoce esta situación. A pesar de ello, sigue con su campaña para evitar que la escuela se convierta en faro y refugio frente a la toxicidad incontrolada que llega de las redes. Eso sí, reincide en su mensaje de que los “menas” vienen a violar a nuestras hijas. ¿Para qué abordar la realidad cuando una mentira funciona mucho mejor para sus intereses electorales?
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