Sin combustibles, sin divisas y sin rumbo
Las filas en las estaciones de servicio no son un fenómeno natural ni un accidente logístico; son el monumento a la improvisación de un Gobierno que se quedó sin ideas, sin divisas y sin gestión. Este colapso logístico encarece los productos de primera necesidad, reduce los ingresos del trabajador independiente y tensiona la movilidad urbana.
El costo de la ineficiencia lo paga el ciudadano de a pie, financiando de su propio bolsillo la mala administración estatal. El costo del flete parado no lo paga el presidente en su despacho; lo paga el ama de casa en el mercado cuando compra verdura o pan.
La escasez de combustible dejó de ser un problema técnico de importación para convertirse en una crisis cotidiana en los hogares. La........
