Sin alterar el pulso
Lo vi llegar de lejos, por el retrovisor. Como un puñado de coches, yo estaba parado ante uno de los tantos –y tantos– semáforos de la ciudad. Él venía lanzado sobre el patinete, a llamativa velocidad.
|
Lo vi llegar de lejos, por el retrovisor. Como un puñado de coches, yo estaba parado ante uno de los tantos –y tantos– semáforos de la ciudad. Él venía lanzado sobre el patinete, a llamativa velocidad.