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Economía peruana 2026-2031: ¿Más allá de las expectativas sobredimensionadas y el Fenómeno del Niño?

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24.07.2026

Desde los últimos meses los poderes económicos y mediáticos con el soporte de las autoridades monetaria y económica del país comentaban que la economía peruana se estaba desempeñando maravillosamente. Obviamente había algunos elementos objetivos que los avalaban como el nivel récord de los términos de intercambio, una tasa de crecimiento del PBI ligeramente superior al 3% y otras variables. Se trataba de decirnos que todo iba muy bien; quizás abonar en la idea de que el país tenía que mantener la actual estrategia económica de seguir haciendo lo mismo de siempre, sin necesidad de ajuste alguno.

Cuando se conoció que Fuerza Popular (FP) ganaría las elecciones, por el voto de los peruanos residentes en el exterior, las expectativas macroeconómicas de las principales empresas del país registradas por el BCRP —en todos los indicadores actuales y futuros— alcanzaron sus marcas máximas de varios años. Sin embargo, ahora en una mezcla de realismo y/o bipolaridad de los formadores de opinión, las expectativas se están tornando más negativas por los impactos esperados a propósito del Fenómeno del Niño (FEN).

Sin reducir la importancia de los impactos negativos previsibles del FEN al momento entre fuerte-extraordinario y moderado-fuerte dependiendo de si se trata del global o el costero respectivamente, se presentan un conjunto de fenómenos internacionales y endógenos del propio modelo que pueden deteriorar el panorama económico nacional en los próximos años.

A estos se debería sumar los mayores choques negativos que un manejo económico muy ortodoxo y políticamente autoritario-represivo que FP podría generar. Al respecto, la posibilidad de las cuerdas separadas: economía que va más o menos frente a lo social y político en circunstancias más complejas es remota en función de la gran fractura social histórica y su intensificación a propósito de las pasadas elecciones.

Los conflictos geoeconómicos que se plasman en las guerras en curso y particularmente en lo que ocurre en el estrecho de Ormuz, la desaceleración del crecimiento mundial a propósito de las recientes presiones inflacionarias y la nueva política arancelaria, y especialmente la situación de la China no pinta el panorama positivamente (con un menor crecimiento de 5% a 4.3% anual).

La elevada desigualdad global y nacional, la política cambiaria y sus impactos al elevar la propensión a importar; y factores estructurales como la elevada heterogeneidad estructural, el crecimiento basado en sectores extractivos de elevada intensidad de capital —con reducida generación de empleo decente y encadenamientos de producción y empleo—y otros no son señales positivas.

Asimismo, una política de gasto público austera por la decisión de no elevar la presión tributaria —para no perturbar a los sectores empresariales—, y una política monetaria restrictiva no son una buena señal que impiden activar la demanda, atender las necesidades de infraestructura a........

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