Lecciones aprendidas en la gestión de proyectos: documentar no siempre significa mejorar
Por: Jhonnatan Horna. Profesor de ESAN Graduate School of Business.
Cada vez que finaliza un proyecto ocurre algo muy parecido. El equipo se reúne para revisar lo que funcionó, analizar los errores y registrar una serie de recomendaciones para el futuro. Todos participan, se generan conversaciones enriquecedoras y, al terminar la sesión, queda la sensación de haber cumplido con una de las buenas prácticas de la gestión de proyectos. Sin embargo, una pregunta suele quedar en el aire: ¿qué ocurre con esas lecciones una vez termina la reunión?
Con el paso del tiempo he llegado a la conclusión de que el verdadero problema no está en realizar la sesión de lecciones aprendidas, sino en lo que sucede después. Muchas organizaciones invierten tiempo en documentar experiencias, pero pocas convierten ese conocimiento en acciones concretas. Como resultado, las lecciones terminan almacenadas en una carpeta compartida, en un repositorio digital o en un informe de cierre que rara vez vuelve a consultarse. Lo paradójico es que, meses después, los mismos errores reaparecen en nuevos proyectos como si nunca hubieran sido identificados.
Documentar no siempre significa aprender
En más de una ocasión he participado en reuniones donde las lecciones aprendidas terminan siendo una lista de problemas ocurridos durante el proyecto. Se habla de retrasos, cambios de alcance, dificultades con proveedores, problemas de comunicación o decisiones que no produjeron los resultados esperados. Toda esa información resulta valiosa, pero registrar lo sucedido no significa necesariamente que la organización haya aprendido.
El aprendizaje comienza cuando dejamos de describir........
