Crisis del sector minero
El exministro Carlos Herrera Descalzi sostiene que Victorino Alfaro, flamante ministro de Energía y Minas (Minem), “responde a un mismo patrón, a un idéntico entorno político y a aquel mismísimo sector técnico que su antecesor”. Evidentemente, las cosas en el Minem no funcionan por algún mérito personal o profesional, sino por “recomendación” de grupetes vinculados a Huancayo —base territorial de Vladimir Cerrón— y al sector eléctrico. Ello implica que el Minem siga siendo tratado como cuota de poder, no como lo que debiera ser: un sector estratégico. Todo lo contrario: este sector crítico está cada vez más disputado por los sucesivos gobernantes, exclusivamente para mantener un “equilibrio político” en el Parlamento peruano. Algo realmente indignante. Con más razón, en el contexto preelectoral actual, donde las administraciones pretenden resolver la crisis minera asegurándose una “gobernabilidad mínima”, con un Parlamento cada vez más atomizado y más desacreditado. Según Herrera Descalzi, en el Minem no existe estrategia para enfrentar los problemas centrales de la minería ilegítima, transformada —desde hace años— en turbina generadora del abominable crimen organizado. Tampoco el Minem es conducido con visión de largo plazo —siendo la minería el principal motor del desarrollo nacional—, sino bajo una clara lógica de administración política del momento, exponiendo al Estado a soportar más conflictos sociales, más caída de inversiones y un aumento explosivo de las actividades ilegales. También sugiere Descalzi que existen sectores en el Congreso que ejercen control sobre el Minem para acopiar intereses económicos de alto valor, considerando que este sector aporta la parte fundamental de nuestras exportaciones y de la recaudación fiscal; evitando, eso sí, reformas que alteren sus redes de influencia, donde las decisiones solo se negocian políticamente, jamás técnicamente. También recuerda que, solo horas antes de la reciente juramentación del gabinete, se barajaban diversos nombres para ocupar la cartera de Energía y Minas, lo que indica negociaciones de último minuto para evitar que el gabinete responda a un certero plan de gobierno, sino más bien a pactos coyunturales, convirtiendo al Minem en una ficha adicional dentro de un tablero político inestable, incapaz de articular políticas de inversión, sostenibilidad ni seguridad. Concretamente, según Herrera Descalzi, el sector Energía y Minas carece de estrategias para encarar la crisis minera, siendo usado exclusivamente como moneda para la negociación legislativa. La designación de ministros en este sector solo responde a presiones territoriales y a telarañas de influencia; de ninguna forma a establecer planes y políticas de desarrollo y eficiencia estructuradas y/o basadas en la tecnología más avanzada, aparte de una severa solvencia moral para evitar el tremendo drama que hoy viene soportando este país —cuya manifestación más atroz viene a ser la minería ilegal—, con todas las corruptelas —incluido el crimen organizado— que esto conlleva. En un país donde la minería es la columna vertebral de su economía, la ausencia de un manejo estatal técnico, sólido y profesional no solamente crea incertidumbre, sino que multiplica la corrupción impulsada por la podredumbre de esta feroz informalidad que la corroe, junto a la conflictividad social y la pérdida de competitividad que aquello genera.
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