Neruda y la sana discrepancia
Ricardo Eliecer Neftalí Reyes Basoalto, conocido como Pablo Neruda (1904-1973) encapsuló el amor en unos versos memorables que hemos leído en paredes, tatuajes, postales, y también en bodas, frases motivacionales y manifestaciones. “Es tan corto el amor, y tan largo el olvido”, sentenciaba el chileno que ante una desgracia, imposición, dictadura o violencia escribió: “Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera”. La figura de Neruda, Premio Nobel de Literatura, es inmensa como compleja. Los estudios literarios lo veneran, lo critican y lo estudian en todo el mundo.
Una faceta poco explorada de Neruda es su relación con los católicos. Neruda no fue un niño imbuido de la religión. Su recuerdo de la iglesia es el de un lugar lleno de musgo y sin hombres, y asociaba la fe a funerales con perfume de lilas. De adulto no consideró la fe ni la vida católica como una parte de su vida. De hecho, las tensiones estaban presentes en este escritor militante comunista y crítico con la jerarquía, que era brillante y sabía también ver las grietas de diálogo. Neruda no es un poeta católico, pero pocos poetas han sabido expresar qué es el amor, la muerte, la amistad, la lucha o la eternidad como él.
Cuando la prestigiosa universidad UC (Católica de Chile) le propuso el doctorado honoris causa, en 1969, lo aceptó. Hoy en la Universidad Católica de Chile hay una exposición magnífica llena de versos que recupera esta relación y sobre todo la legitima institucionalmente. En el año 1969 el cardenal Silva Henríquez le otorgó el doctorado honoris causa. Este título honorífico está muy pensado: las universidades dosifican, piensan y discuten........
