La crisis migratoria atrapa a España entre Marruecos y Dinamarca
Ha sido interesante ver cómo los dirigentes de los principales países de Europa recibían la iniciativa de Italia y Dinamarca de hacer frente común contra la "inmigración descontrolada". De hecho, los ha cogido a todos a contrapié que la primera ministra italiana, la ultraconservadora Giorgia Meloni, y la primera ministra danesa, la socialdemócrata Mette Frederiksen —dos personas ideológicamente en las antípodas—, se pusieran de acuerdo para combatir el gran problema que tiene planteado en estos momentos el Viejo Continente y que no es otro que el de la inmigración irregular que amenaza seriamente sus cimientos. Después de la crisis migratoria de Ceuta, en la que, para variar, España ha jugado un papel muy lamentable, la iniciativa los desborda a todos por la derecha y por la izquierda y los deja descolocados frente a uno de los retos más inquietantes de la historia reciente de Europa.
De hecho, la mayoría de los mandatarios europeos ha pasado de puntillas sobre la cuestión, cuando no la ha silenciado directamente. Es una propuesta valiente, sobre todo por lo que representa que dos líderes políticos de ideologías absolutamente contrapuestas se pongan de acuerdo en un objetivo supremo. Y esto es lo que muchos no entienden, empezando por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, erigido en uno de los principales valedores de todos los movimientos migratorios, vengan de donde vengan y sean como sean, que es justamente aquello a lo que quiere hacer frente la alianza entre Italia y Dinamarca. Una alianza insólita, según reconocen las propias protagonistas —"somos las únicas mujeres jefes de Estado y de gobierno en la Unión Europea (UE)" y "procedemos de posiciones políticas muy diferentes y, por supuesto, no coincidimos en todo"—, pero que no impide —y es precisamente eso lo que le da valor y fuerza— que coincidan en que "la inmigración irregular tiene........
