Un hombre solo
Mi costilla se ha marchado unos días a Alemania para honrar a su parentela judía (de una resistencia admirable, hay que admitirlo, pues sobrevivir a Hitler con ese apellido tiene su guasa) y he podido experimentar la euforia de la vida desaparejada. El frenesí de un hombre solo radica, en primer término, en el gozo de poder ahorrarse ciertas exigencias consustanciales a la cónyuge, como fingir cara de interés mientras te hablan de algún asunto cotidiano que te resulta incomprensible o, gracias a las exigencias de la deconstrucción, disimular que puedes aproximarte a los problemas del otro en términos emocionales, aunque pienses que tal perspectiva siempre termina en el más absoluto naufragio. Estas son dos demandas típicamente femeninas a las que los machos, fatalmente tullidos, prestamos poca atención, pues la naturaleza nos impulsa a ser dignos providers del hogar y a teñir el ambiente de cierta seguridad; el resto, bagatelas.
La mitología del rodríguez ha resultado ser una auténtica farsa, puesto que, lejos de aprovechar la lejanía de la compañera para darse entregarse al desenfreno, el hombre de mediana edad como servidor solo emplea la amnistía para descansar del amor, el trabajo más fatigoso de imaginar. Yo creía que me pasaría los días afanándome por fornicar con........
