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La torre de Jesús y el catalán

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No tengo ningún tipo de interés en la visita de León XIV y su corte de obispos asexuados a Barcelona, porque mi espíritu vive alegre y fascinado entre objetos, personas e ideas (los dioses no me apasionan mucho, pues siempre acaban exaltando el antropomorfismo de las cualidades excelentes; yo siento más afición por las carencias y los defectos) y, a su vez, considero la Sagrada Família uno de los objetos más horriblemente chabacanos y espantosos de la arquitectura occidental. Lo único que me provoca la llegada de Su Santidad, como así con la mayoría de los turistas que ensucian Barcelona y sobre todo aquellos que me maltratan los tímpanos con española gritería, es un deseo ardiente de verlos largarse. Pero, visto que el pontífice dormirá a pocos metros de casa, turbando la paz de mi paseo matinal al Ateneu o a can Brunells, entenderá que le dedique un breve sermón.

Si hoy no discutimos la catalanidad de Gaudí es porque hay gente que se ha esforzado, estudiando la filosofía y las raíces culturales de nuestro gran creador

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Antes que nada, aviso al lector que este no será un artículo para presionar a nuestra curia ni a la clase política para que ejerzan de lobby hacia los asesores del Papa a fin de que, junto con el enésimo acto performático de movilización en las calles, el sotanero blanco acabe cediendo a la voluntad del pueblo y entone una serenata en la........

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