Cuando todo es terrorismo, nada lo es
El terrorismo no es una palabra retórica ni un adjetivo político. Tampoco es una metáfora. No es una exageración retórica ni un recurso discursivo para castigar conductas incómodas. Es un delito excepcional reservado para actos extremos.
En términos generales, el terrorismo implica el uso intencional de la violencia —explosivos, armas de alto poder, incendios, ataques masivos— con un propósito específico: provocar terror en la población y coaccionar al Estado o a un grupo social. No se trata de criticar, incomodar o exhibir abusos. Se trata de infundir miedo colectivo mediante la violencia.
Así lo entiende el derecho penal moderno. Y así lo define la ley mexicana.
El Código Penal Federal es claro. El delito de terrorismo exige actos violentos capaces de generar alarma generalizada, con la finalidad de afectar la Seguridad Nacional o presionar a la autoridad. La figura no se activa por palabras, opiniones o transmisiones informativas. Requiere medios violentos, daño........
