Ver más allá de las narices
En tiempos electorales, la política se convierte en una fábrica de urgencias. Todo parece definitivo, dramático, irreversible. Los candidatos se presentan como salvadores providenciales o como amenazas apocalípticas y millones de ciudadanos terminan atrapados entre el miedo y la esperanza. La sensación es que el futuro entero depende de una sola jornada electoral. Pero la historia enseña algo distinto: los buenos gobiernos no se miden por el ruido inmediato, sino por las huellas profundas que dejan con el paso de los años.
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Mientras escribo, no se han celebrado las elecciones que ojalá transcurran en paz y se respeten los resultados. Para muchos colombianos, la decisión parece trascendental. Y lo es, en gran medida. Las políticas de salud afectarán a millones de personas; las decisiones económicas abrirán o cerrarán oportunidades; el tono del Gobierno podrá estimular la confrontación o favorecer el diálogo. Todo eso importa porque tiene consecuencias sobre la vida cotidiana.
Pero........
