Los hijos fachos
Opinión Los hijos fachos
Un amigo, de los 70 como yo, padre de familia, me decía un día que en nuestros tiempos, quieras que no, nuestros padres solo se tenían que preocupar de las drogas o de que nos nos metieran una paliza por ahí. Nos reímos mucho porque tampoco es que eso sea poca cosa. Pero es que ahora esas preocupaciones siguen ahí y, de propina, hay muchas más. Internet lo ha cambiado todo. Creíamos que íbamos a tener acceso a la mayor biblioteca de la historia (¡a todas las bibliotecas al mismo tiempo!), luego creímos que solo íbamos a ver vídeos de gatitos y ahora resulta que las mentiras no tienen las patas tan cortas como nos decían y el mal tiene el brazo más largo que nunca.
Me van contando con cuentagotas (porque a ver cómo cuentas eso) que tienen hijos fachos. Por suerte no oigo a nadie de fiar que me cuente de su hija facha. Aunque las habrá. Algo habrá hecho el feminismo para hacer de dique. Y la alegría de que los más zopencos despotriquen del feminismo con esa inquina y en singular (como si solo hubiera uno ¡ja!) me da esperanza. Pero me cuentan de sus hijos fachos criados en ambientes nada fachos. Me cuentan de esos adolescentes tirando a fachos que navegan sus contradicciones como lo hicimos nosotros, un tortazo de la vida tras otro, porque ni ellos ni nosotros entendíamos nada, claro. No hay otra. La única salida de ese barrizal es a través.
Y nuestro padre era un pringao y su padre es un pringao. Pero el suyo es un pringao porque tiene que madrugar más que un búho nada menos que porque no invirtió en cripto (¡en criptomonedas!) cuando había que hacerlo. Porque no pone el dinero a trabajar (¡vaya expresión!) y no invierte en no se qué leches. En esas estamos. ¿Cuántas capas hay que rascar para dar con el fascismo, la misoginia, el racismo, el darwinismo social, el odio y la tontería en esos “chorralaires” que le hablan de esas cosas, y en ese tono, a nuestros adolescentes?
Me cuentan que sus retoños hablan de los tiempos de Franco como buenos porque había seguridad, porque había trabajo y porque no había inmigración. Iban a colegios y van a institutos con muchísimo alumnado extranjero en origen, o de padres y madres nacidos fuera y en muchos casos esos son sus amigos. Los que ellos tratan a diario, sus amigos incluso, no son inmigrantes. Los inmigrantes, esos demonios, son los otros, los desconocidos. En una edad en la que los chicos van revoloteando poco a poco fuera del nido, en la que........
