Todo lo demás debería incomodarnos
Opinión Todo lo demás debería incomodarnos
Mi amigo Ourron ha fallecido. Ya no vive en las calles de Lleida, en las chabolas de Huelva o en las camas de los hospitales. Ahora está descansando.
A Ourron lo conocí mientras realizaba un trabajo de campo en el marco de una investigación sobre condiciones laborales y de vida de personas migrantes en el sector agrícola en mayo de 2023, en uno de los numerosos asentamientos de chabolas de Lucena del Puerto, en Huelva, donde malviven cientos de jornaleras y jornaleros migrantes.
Era, entre muchas otras cosas, lo que se conoce como una persona temporera agrícola migrante, que encadenaba campañas agrícolas a lo largo y ancho del campo del estado español para asegurarse una cierta estabilidad de la que el sector carece.
Llegó a las costas de Granada a finales de 2017 con 26 años, después de tres meses de dura travesía desde Ghana, y se fue sin decir nada, ni a su mujer embarazada, ni a sus dos hijos ni a su madre que, como él aseguraba, jamás le habría dejado partir.
Los motivos que tenía para marcharse eran muchos. Ourron venía de la zona Volta/Oti, en Ghana, una región rica en recursos naturales y minerales. Como ocurre tantas veces, la riqueza de la tierra no siempre se traduce en mejores condiciones de vida para quienes la habitan. En los últimos años, distintos proyectos mineros y extractivos han sido presentados como oportunidades de desarrollo, inversión y empleo. Pero para muchas comunidades, esas promesas conviven con la precariedad, la falta de oportunidades reales y la sensación de que el futuro se decide lejos de ellas.
En ese contexto, como muchas otras personas, Ourron decidió migrar buscando trabajo, estabilidad y una oportunidad real de construir un futuro mejor para su familia. Pero sus planes empezaron a torcerse nada más tocar tierra en Motril. Tras una primera atención de Cruz Roja, y después de ser trasladado al hospital por una fiebre altísima, le diagnosticaron leucemia. Pasó un tiempo ingresado, recibiendo tratamiento, hasta que la enfermedad quedó estabilizada. Solo entonces pudo empezar a hacer aquello por lo que había venido, trabajar y enviar dinero a su familia.
Hablábamos del calor insoportable de la fresa, el frío de la aceituna, los gritos, los insultos y el cansancio acumulado de quienes “trabajan como animales”
Aunque tocó varios sectores, se centró en el agrícola: desde la fresa en Huelva hasta la aceituna en Jaén, pasando por las hortalizas de Granada, los ajos de........
