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Jenny, madre viuda: “Te sientes soportando la bola del mundo con tus dos manos y que no se caiga”

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04.10.2026

Videopódcast 'Sobre (vivir) a la crianza'

Jenny, madre viuda: “Te sientes soportando la bola del mundo con tus dos manos y que no se caiga”

Hoy hablamos con tres madres que han llegado a la maternidad en solitario por caminos muy distintos, y que nos explican qué supone sostener una familia sin pareja: del duelo y la falta de conciliación a la necesidad de recuperar las redes de apoyo

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Siempre hablamos de las dificultades de criar: las noches sin dormir, el cansancio, las dudas, la carga mental. Pero ¿qué ocurre cuando todo eso se afronta sin otra persona en casa a quien decirle "ahora te toca a ti"? En este episodio de Sobre (vivir) a la crianza hablamos de crianza en solitario con tres mujeres que han llegado a ella desde situaciones muy diferentes y que coinciden en algo: estar sola al mando obliga demasiadas veces a funcionar sin posibilidad de detenerse.

Patricia se separó cuando su hijo tenía apenas unas semanas. Jenny enviudó con tres hijos, dos de ellos de tres y un año. Y Vero decidió seguir adelante con su primer embarazo sabiendo que, en la práctica, asumiría casi completamente la crianza. Tres historias distintas que ponen sobre la mesa cuestiones que van mucho más allá de no tener pareja: quién cuida cuando tú enfermas, cómo se sostiene económicamente un hogar con un solo sueldo o cómo se atraviesa un duelo cuando los niños siguen necesitando desayunar, ir al colegio y sentirse protegidos.

No hay tiempo ni para derrumbarse

Patricia recuerda los primeros años después de la separación como los más duros. Su hijo era muy pequeño, muy dependiente y necesitaba atención constante. El cuerpo, cuenta, termina aguantando como puede; la parte psicológica es otra historia. A la exigencia propia del posparto se sumaba el hecho de haber perdido de golpe el proyecto familiar con el que había imaginado la maternidad.

En el caso de Jenny, la pérdida fue literal. Cuando murió su marido en 2020, sus hijas tenían tres y un año y su hijo mayor, 18. Su primera reacción fue trabajar. Trabajar para mantener la seguridad económica de la familia, garantizar que a los niños no les faltara nada y evitar que sus vidas cambiaran todavía más. Pero ese mecanismo de supervivencia tuvo un coste: años después siente que todavía no ha podido hacer completamente el duelo.

No podía permitirse, explica, entrar en una etapa de debilidad. Había que tirar hacia adelante. Y ahí aparece una de esas preguntas incómodas que atraviesan este episodio: ¿quién sostiene a quien tiene que sostener a todos los demás?

Trabajar para poder cuidar y no poder cuidar porque trabajas

La conciliación aparece una y otra vez en la conversación. Porque criar sin pareja convierte cualquier imprevisto en una pequeña operación logística. Una fiebre de madrugada, una........

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