Las costumbres
Opinión | El ruido y la furia
La subida de los alquileres cierra comercios tradicionales como confiterías y heladerías, reemplazados por franquicias y negocios orientados al turista
Turistas en el centro de Málaga. / Álex Zea
Tengo por costumbre hacer costumbres. Será porque acomodan la vida, la estructuran, la hacen confortable. Me incomoda hasta límites enfermizos que me desencajen de mis hábitos porque me descuadran el natural fluir de mis días y tengo la sospecha de que, cuando los altero, las cosas no suelen irme bien del todo. Eso, seguramente, tiene diagnóstico y nombre y quizás tratamiento, pero prefiero dejarlo así, en la inconcreción elegante que los demás, sin paciencia y poco piadosamente, llaman «tus manías».
Por eso me molesta sobremanera esa gente que, venida de otros lugares, con otras culturas, otras lenguas y otros credos, alteren el cotidiano discurrir de mis costumbres. No me gusta que haya gente tan desconsiderada que, instalándose en mi casa, trastoque el tradicional transcurrir de la vida y trate, con desvergonzada grosería, de imponer sus costumbres.
Estoy harto de que mi ciudad ya no sea mi ciudad. La confitería donde, desde que tengo recuerdos........
