América Latina ante la fragilidad multilateral: integración o irrelevancia
La integración latinoamericana no es solo un proyecto económico. Es también, en este contexto, un proyecto de resguardo democrático. Construirla bien es la respuesta más efectiva ante una ola que ya nos llegó al pecho.
Existe una imagen que resulta difícil de desechar. Una ola grande, de esas que revuelcan en el mar: llega, derriba, uno logra ponerse de pie. Pero el agua que antes llegaba a la rodilla ahora llega al pecho. La ola puede retirarse; el nivel del mar no vuelve al punto anterior.
Eso es lo que está ocurriendo con el multilateralismo. No estamos ante una tormenta pasajera, sino ante un cambio de nivel. Y América Latina, que lleva décadas intentando integrarse con más organismos que resultados, tiene hoy una ventana –estrecha, pero real– para hacer algo distinto.
Participé recientemente en el Foro Internacional de Integración organizado por CAF en Cartagena, en un panel sobre el futuro de los mecanismos de integración regional. Escuché diagnósticos certeros, propuestas interesantes, y también la frustración acumulada de quienes llevan años empujando una piedra cuesta arriba. Lo que sigue es mi propia lectura, con la franqueza que permite haber dejado el Senado hace apenas dos meses.
América Latina es el continente que más organismos de integración ha creado y el que menos se ha integrado. No necesitamos uno nuevo.
El primer obstáculo es conocido, pero raramente enunciado con claridad: cualquier acuerdo de integración real exige ceder soberanía. No es un defecto del proceso; es su condición de posibilidad. Sin un marco institucional con capacidad coercitiva –con mecanismos para dirimir diferencias que no dependan de la voluntad política de turno– no hay integración, hay fotografía. Los conflictos entre países son inevitables, igual que en cualquier comunidad organizada. Lo que importa es si existe un........
