Cerimedo y la opinión pública fabricada: una tesis
El asunto Cerimedo no debería investigarse solo para saber quién difundió una falsedad contra Matthei. También debería permitirnos preguntar quién puede producir la apariencia del público, quién puede medirla y qué ocurre cuando ambas operaciones empiezan a cerrarse sobre sí mismas.
El caso Cerimedo importa por algo más grave que la eventual difusión de falsedades contra Evelyn Matthei durante la campaña. Ese episodio concentró la discusión chilena en el problema conocido de la desinformación, pero el caso deja entrever algo más sofisticado: la posibilidad de cerrar un circuito entre la fabricación de aquello que creemos que los demás piensan, la modificación de nuestras propias preferencias y la posterior devolución de esos efectos, mediante encuestas o mediciones, como si fueran expresión espontánea de la ciudadanía.
No se manipula únicamente aquello que pienso sobre una candidata. También puede intervenirse aquello que creo que los demás piensan de ella. Puedo desconfiar de una acusación y, sin embargo, concluir que “todo el mundo” la cree. Y esa percepción puede llevarme a callar, abandonar una candidatura que considero derrotada, modificar mi voto o sumarme a quien aparece como mayoritario.
La literatura especializada conoce desde hace tiempo ese mecanismo. La “espiral del silencio” mostró que las personas no expresan sus convicciones independientemente del clima social que perciben. Podemos mantener una opinión y dejar de defenderla si creemos que hemos quedado solos. Los bots y el astroturfing intervienen precisamente en ese nivel. No necesitan convencerme de que una acusación es verdadera. Puede bastar con hacerme creer que miles de ciudadanos ya están convencidos de que lo es.
Aquí aparece una diferencia crucial respecto de la propaganda tradicional.........
