El juicio no se delega
El terreno donde hoy se juegan la información, el análisis y buena parte del trabajo intelectual está mediado por sistemas algorítmicos. Formar pensamiento crítico de espaldas a esos sistemas es preparar a las personas para un mundo que ya no existe.
En Chile y en buena parte de América Latina se ha instalado una fiebre formativa en inteligencia artificial. Universidades, consultoras y plataformas ofrecen cursos para dominar las herramientas: cómo redactar instrucciones eficaces, qué aplicación conviene para cada tarea, cómo automatizar un informe.
En paralelo corre otra conversación que lamenta, con razón, el deterioro del pensamiento crítico: estudiantes que no distinguen una fuente confiable de una dudosa, deliberación pública capturada por la desinformación.
Lo notable es que ambas conversaciones casi no se tocan. Avanzan por carriles separados, como si aprender a usar la inteligencia artificial y aprender a pensar fueran asuntos distintos. Esa separación es, precisamente, el problema.
El primer carril confunde destreza con criterio. Los cursos de botones y atajos caducan con cada actualización: lo que hoy se enseña como truco, mañana es obsoleto. Pero su límite más serio no es la obsolescencia, sino lo que dejan sin formar. Quien aprende a operar una herramienta sin comprender qué produce, ni por qué falla, queda a su merced.
Conviene decirlo sin........
