Cuando el reglamento no basta, el criterio también educa
Un colegio no es un tribunal y un reglamento escolar no debiera funcionar como un código penal.
La entrada en vigencia de la nueva Ley sobre Convivencia, Buen Trato y Bienestar de las Comunidades Educativas abre una oportunidad importante para preguntarnos cómo estamos entendiendo y gestionando la convivencia al interior de nuestros colegios.
La nueva normativa pone énfasis en la prevención, el buen trato, el bienestar socioemocional y en una mirada pedagógica de la convivencia. Y ese cambio de enfoque plantea, a mi juicio, una reflexión necesaria: los reglamentos son indispensables, pero ningún reglamento puede reemplazar el criterio de quienes tienen la responsabilidad de educar y tomar decisiones.
En educación necesitamos reglas. Los reglamentos internos, protocolos y procedimientos son fundamentales para ordenar la convivencia, establecer límites y entregar certezas a toda la comunidad escolar. Pero existe un riesgo cuando comenzamos a creer que tener un protocolo para cada situación significa tener también la respuesta correcta para cada caso.
Después de años vinculada a la educación, he aprendido que una de las capacidades más importantes de quienes tenemos la responsabilidad de educar y tomar decisiones es el criterio. Y mi experiencia como madre me ha permitido comprender, además, algo que desde la gestión no siempre alcanzamos a dimensionar: es que detrás de cada decisión escolar hay un niño, una familia y una historia que pueden verse profundamente afectados por ella.
Un reglamento establece un marco. El criterio permite comprender cómo aplicarlo.
Dos estudiantes pueden cometer una misma falta, y sin embargo, encontrarse en........
