Desde los capullos de la ternura
El rostro humano: crisol del ser, lienzo efímero donde el tiempo, escultor ciego y persistente, esculpe su obra magna desde la primera exhalación hasta el postrer vaho. Metamorfosis desplegándose en ritmo de una marea lenta, revelando el jeroglífico del alma y la crónica silenciosa de una existencia.
Al nacer, el semblante es promesa sin mancha, cera virgen modelada por la inocencia. La piel, náutica y diáfana, se estira sobre un andamiaje óseo que aún no conoce la gravedad del mundo. Los ojos, dos lunas de asombro virgen, son pozos de un universo sin estrellas, espejos que beben la luz del primer........
