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La ley de la correspondencia infernal – El tribunal de la condenación

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29.04.2026

“La soberbia no es grandeza sino hinchazón; y lo que está hinchado parece grande pero no está sano”.

“Yo, el Amo de las Tinieblas, os digo: No busquéis piedad en mis dominios, pues no la tuvisteis en vuestros estrados. Vuestra saña contra el inocente es la medida exacta del tormento que os tengo reservado. Al cruzar mi umbral, os aguardo con el mismo tridente de desprecio con que pinchasteis la dignidad ajena. Aquí, vuestra echonería será vuestro grillete y vuestra soberbia el combustible de vuestra hoguera. Vuestra sentencia es eterna y vuestro efímero poder… ya es ceniza.”

Bajo el palio de una justicia que ha extraviado su brújula, se erige el «Tribunal de la Condenación», un recinto donde la majestad de la ley ha sido suplantada por el narcisismo patológico de quienes visten la toga. En este escenario, el juzgador no inquiere la verdad, sino la validación de su propio prejuicio. Son figuras imbuidas en una infalibilidad inexistente, ensimismadas en un eco de autoritarismo donde la humildad se interpreta como debilidad y la arrogancia como atributo de mando. Estos funcionarios, poseídos por un poder circunstancial y efímero, se observan en el azogue de su propia vanidad, creyéndose deidades encargadas de purgar el mundo, cuando en realidad solo alimentan una psicopatología del ego que los escinde de la realidad humana. Ignoran que la silla que ocupan es un préstamo del destino y que el estrado no es un trono, sino una carga ética que hoy deshonran.

La atmósfera en estos tribunales resulta pestilente, no por la ausencia de higiene, sino por la descomposición moral que emana de sus estrados. Existe........

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