La disculpa que no disculpa
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Tan agobiados quedaron muchos con Petro que algunos —por ingenuidad o lambonería— sostienen que a Abelardo le salen bien las cosas, más ahora que este católico ferviente desfila ante las cámaras en medio de cadáveres, sus trofeos de caza. En esa exaltación andan algunos medios y columnistas, curiosamente los mismos que con su silencio apoyaron a Petro, o tomaron partido por Duque, Santos y Uribe, pues siempre son gobiernistas.
Los abelardistas promueven la tesis de que su jefe sí cumple órdenes judiciales, porque acató la sentencia de tutela del juzgado 5 Laboral del Circuito de Bogotá, que le impuso excusarse por desconocer en una alocución la laicidad del Estado. Aplauden la supuesta gallardía del mandatario al pedir perdón por romper la neutralidad religiosa a la que le debe obediencia como jefe de Estado, pero callan cuando este impugna la decisión que aparentemente acató, con el insostenible argumento de que obligarlo a excusarse vulnera la separación de poderes y el pluralismo religioso.
Abelardo dio la apariencia de acatar el fallo, pero no lo hizo, pues........
