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El impuesto silencioso

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17.02.2026

Añadido a una política fiscal explotadora y abusiva, los españoles llevamos soportando, especialmente desde la llegada de Pedro Sánchez al gobierno lo que los economistas definen como el impuesto silencioso, o lo que es lo mismo una inflación creciente y asfixiante que desde el año 2018 ha disparado un 24,2%, más del triple que el 7,2% acumulado durante los años de mandato de Mariano Rajoy, mientras que en el caso de los alimentos el alza de precios durante el sanchismo se eleva hasta el 45%.

Una inflación que sigue siendo uno de los principales problemas de los españoles, como acaba de poner de manifiesto el informe anual del Instituto Juan de Mariana en el que se constata que en 2025, el IPC español se ha situado cerca del 3%, confirmando que los precios continúan aumentando a un ritmo elevado, muy por encima de lo deseable para una economía que arrastra un elevado desempleo estructural.

Encarecimiento que es aún más acusado en partidas esenciales como la vivienda y los suministros, donde las subidas rondan el 6%, mientras que algunos alimentos básicos, como los huevos, han registrado incrementos superiores al 30% en apenas un año.

Incluso en un mes como enero en que la inflación bajó hasta el 2,3% el precio de los alimentos sube un 3%, idéntica tasa que en diciembre y la más alta desde julio de 2024 con productos básicos que se disparan un 31% en el caso de los huevos el vacuno un 16% y casi un 13% en el caso de las hortalizas.

En comparación con el resto de Europa, el Instituto afirma que España "presenta un peor comportamiento de la inflación" como muestra el hecho de que el IPC medio de los países de la Unión Europea ha sido un 25% inferior al español, lo que sitúa a nuestro país en la zona media-alta de la tabla. Lo que lleva a los autores del informe a concluir que si a este diferencial de precios se le suma la elevada tasa de paro, no resulta sorprendente que España lidere el Índice de Miseria, un indicador que combina inflación y desempleo para medir el deterioro del bienestar económico.

Indicador que refleja también que aunque la pérdida de poder adquisitivo afecta a todos los hogares el daño es mayor para aquéllos que tienen menor renta. Una renta media de los hogares españoles que apenas ha crecido un 0,5% anual en los últimos veinte años, lo que supone el tercer peor registro de toda la Unión Europea, de modo que el empobrecimiento es generalizado.

Pérdida de poder adquisitivo y bienestar que el Instituto Juan de Mariana explica por el efecto empobrecedor de un gasto público desbocado, que absorbe recursos, desplaza al sector privado y fomenta mercados más intervenidos y menos competitivos a lo que se añaden políticas intervencionistas del Gobierno en ámbitos esenciales para los ciudadanos y las familias como son la energía o la vivienda.

Y con todo este deterioro el gobierno del sanchismo, preso de su voracidad fiscal, se niega a deflactar el IRPF que, como es sabido implica ajustar los tramos del Impuestos sobre las Renta de las Personas Físicas para compensar la inflación y evitar que los contribuyentes paguen más impuestos debido los aumentos nominales de sus ingresos.

Las estimaciones realizadas por los responsables del Instituto Juan de Mariana estiman que un contribuyente con un salario de 30.000 euros brutos anuales paga 800 euros más de IRPF de lo que habría abonado en caso de que se hubiese deflactado el gravamen desde 2018, mientras que para un trabajador que percibe anualmente 50.000 euros, el impacto asciende a 1.600 euros, de acuerdo con un informe publicado este viernes por el Instituto Juan de Mariana.

Y mientras Hacienda sigue batiendo año tras año máximos históricos los españoles con Sánchez tenemos los peores servicios de la historia y ahí están las catástrofes ferroviarias y climáticas, el deterioro de las carreteras, las listas de espera sanitarias, los fracasos en la educación, la precariedad y la inseguridad del mercado laboral o el aumento de los precios y la escasez de oferta en la vivienda. Un escenario de carencia de gestión y de gobierno que hace que si bien España no es un país pobre, todavía, si es un país empobrecido y esquilmado.


© El Economista