menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

La culpa del fin de Seat no es de Volkswagen, es de la regulación europea

24 0
12.09.2026

La desaparición de la marca Seat en 2030 es como la historia de una muerte anunciada. Sus modelos prácticamente se han reducido a los tres que se producen en Martorell (Ibiza, Arona y León) y con excepción de este último, se han quedado fuera de la electrificación del grupo. Es decir, Volkswagen no está invirtiendo en la actualización y puesta al día de estos modelos, pese a que están entre los diez más vendidos en España. Probablemente, porque han entrado ya en una fase de amortización.

Aunque no existe aún una confirmación oficial sobre el fin de la emblemática marca de automóviles española por parte de la sociedad matriz, tanto en las instituciones públicas como los agentes sociales, lo dan por hecho. A partir de ahora se abre una larga batalla para la adjudicación de modelos, que sustituyan a los que deje de hacer Seat, y también para lograr que se mantenga la estructura societaria en Barcelona, aunque ya sea solo con la enseña de Cupra, como señala elEconomista.

El tiempo es oro. Martorell necesita nuevos modelos que sustituyan a los de Seat en 2028

Volkswagen tiene la intención de reducir el número de modelos a la mitad, mediante la integración de su serie electrificada llamada ID con la de combustibles fósiles, como ha hecho en Martorell (Barcelona), donde se produce el ID.Polo, fruto de la fusión del Polo y de la familia 100% eléctrica ID. Eso obligará a una reordenación de las plataformas de producción hacia finales de 2027, fecha que podría coincidir con el inicio del desmantelamiento de los modelos de Seat. El objetivo sería la adjudicación de nuevos coches en 2028 o alguno de los modelos de Cupra que se construyen en Alemania, como el Born. Por eso, a partir de ahora, el tiempo es oro.

El otro desafío consiste en mantener el centro de decisión en Barcelona, como hasta ahora, para que Martorell no se convierta en una fábrica más dependiente de Alemania, y pierda la autonomía sobre el diseño, la comercialización o la postventa, que arrastraría miles de empleos adicionales.

Ambos objetivos son muy difíciles, teniendo en cuenta que Volkswagen anunció la supresión de 50.000 empleos hasta........

© El Economista