Catarsis futbolera y fiebre electoral
Imposible sustraerse a la oleada de júbilo, más allá de la afición futbolera y que por encima de las diferencias de clase, ha invadido al país con motivo de la celebración del campeonato mundial de futbol.
El júbilo, sobre todo de los jóvenes, colmó todos los distintos escenarios.
En ellos, las manifestaciones de rechazo a Morena y a la presidenta Sheinbaum, tanto en el estadio Azteca, como en las calles y en el metro de la CdMx, además de los escenarios en Guadalajara y en menor medida en Monterrey, provinieron no solamente de quienes pudieron acceder a los estadios, los que, por sus condiciones económicas, era más esperable que así se presentaran.
No fue así, jóvenes de todas las clases sociales, por momentos y en algunos escenarios, lanzaron serios denuestos a la presidenta.
No fue lo único destacable del mundial en México.
La subordinación del gobierno de la república a la FIFA, a sus directrices hasta en materia de protección civil, que le ordenó los aforos permitidos en los espacios públicos, autorizados por la FIFA.
En medio de esa catarsis, cuya explicación podría ser que la mayoría de la población está ahíta de obtener oportunidades y motivos, no sólo para identificarse en la masa, sino para encontrar un respiro frente al escenario cada vez más violento del país.
En medio de ello, un equipo, al que se le auguraba una actuación menos que modesta y al que algunos especialistas en la materia le auguraban —el escribano también, sin serlo— una de las peores actuaciones en estas competencias, dio la sorpresa.
Desde antes del primer partido ya contaba con un escenario y una recepción popular sorpresivamente elevada, que no fue disminuido por el anuncio de las movilizaciones de diversos sectores sociales, que aprovecharon el escenario para presionar al gobierno y difundir sus demandas, especialmente el magisterio agrupado en la CNTE y los colectivos de las madres buscadoras.
Ambos lo lograron, no sin poner en graves aprietos al gobierno........
