Igual te llueve
Escucho con displicencia a los que me quieren contar sus planes de «escapadita» de Semana Santa, quizá porque yo me voy a quedar aquí y ... la envidia es fatal. Ay, ay, ay, es que algunos no podrían, jamás, ir a un hotel donde no haya un gimnasio premium, con todas sus cositas y aparatillos.
Son las amigas que luego te cuentan que sufren gymtimidación, que significa vergüenza y apuro al sentirse observadas porque no saben manejarse bien con las maquinarias de sudar la gota gorda en el gym. Parece, me cuentan, que los hombres acaparan bastante los artefactos y, por ejemplo, no hay manera de acercarse al mancuernero, ese lugar soñado donde se almacenan las mancuernas, porque están siempre ocupadas. ¡Cómo les comprendo!
«No estás sudando, estás brillando», es una frase muy inspiradora con la que se animan mis amigas las del gym. Otra idea que les incentiva es tener una pareja que les mire con amor cuando hacen ejercicios de fuerza: «Quédate con quien te mire así a los ojos cuando estés resoplando». Vale, no está mal, pero yo apuntaría otra recomendación: quédate con quien te haga el cambio de ropa de invierno a verano y viceversa. Es esa persona de luz que se mueve con paciencia entre vestidores, armarios, cajas y bolsas con ropa almacenada al vacío (un invento que nunca hubiéramos imaginado) y que te sabe encontrar las sandalias para un día inesperado de viento sur o para una escapadita al sur, aunque, te lo avanzo sin acritud, igual te llueve.
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