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Dentro

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02.05.2026

Una escena recurrente en cualquier barrio periférico de cualquier ciudad (ya se sabe que el centro está cada vez menos habitado por personas y más ... por oficinas), es la siguiente: alguien descorre con sus dedos los visillos de su casa para echar un vistazo al exterior, por donde fluye la vida como un río impetuoso, o como una fuente lánguida, pero siempre llevando un hilillo de emoción. Es un gesto anodino, inocuo, casi imperceptible, un leve movimiento que apenas agita la superficie lisa de la ventana, ojo abierto a la luz, al aire, a la lluvia, a la realidad que se extiende fuera, con su ritmo, con sus maneras........

© El Diario Vasco