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Animales

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27.02.2026

Entre therians y Tejeros marchaba el día cuando Yolanda, la inefable vicepresidenta, apareció en el jardín y nos leyó la cartilla. Un catecismo del buen ... vivir en el que nos impulsa a todos a tomar la democracia con nuestras manos, como va a hacer ella, como le enseñaron en su casa. No va a ser candidata en las próximas elecciones generales. Pero no nos apenemos. Va a seguir trabajando por todos nosotros. Así nos lo dijo. Mayormente lo hará por los más desvalidos. Pero ya sin Sumar o lo que salga de los cónclaves de la izquierda a la izquierda del PSOE. Consciente de que ella ya suma poco, lo que propone ahora es multiplicar. Y convencernos de que la calle no es de «ellos».

«Ellos» son Feijóo y Abascal y se supone que los millones de personas que los votan. Antes, antes incluso del resurrecto 23-F, la calle era de Fraga Iribarne, el ministro bamboleante que vino de Inglaterra con bombín y España, con todas sus calles, dentro de su magna pero no magnánima cabeza. Ellos y nosotros, nosotros y ellos. La barricada. Eso que llaman polarización y que es un invento de los otros. Da igual si hablan desde la derecha o la izquierda. Los otros son los inventores del despropósito. Cada uno tiene sus «ellos» y sus «otros». Para zanjar el galimatías nuestros políticos deberían empezar a utilizar más un «nosotros» que incluya a la globalidad y no a una parcela con ansias de hooligans. Peras al olmo.

Mejor seguir en el llamamiento a las barricadas y ahondando en la zanja divisoria. La política entendida como cainismo. En Vox andan lapidando al disidente y echando sus huesos a la olla podrida donde se cuecen los desobedientes. Espinosas, Monasterios, Olonas. Allí donde Abascal repudiaba la obediencia al líder de los partidos tradicionales se encuentra con que su antes amado Ortega Smith lo compara con papá Stalin. Las dagas, los pasillos y la voracidad trepadora. No es de extrañar que alguna gente opte por colocarse una careta de lobo y aullarle a la luna. Ya van por las esquinas levantando el cuarto trasero y regando chaflanes y arboledas. Tomando las calles y los descampados a su manera. A cuatro patas o batiendo como gallinas unas alas postizas. Poniéndole huevos a la cosa. Juntos y juntas, nos decía Yolanda en su alocución. Empujando con alegría, afirmaba y cerraba con un «Seguimos» que recordaba a aquel Podemos que ya tan poco puede. Seguimos, marcando el ganado, separando a ellos de nosotros. Tensando la cuerda. «No va a haber sangre, hija mía», sabemos ahora que le dijo el recién finado Tejero a su señora. Pues eso. Esperemos que de entre toda la bazofia tejeril al menos se apliquen ese parche.

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Manuel Fraga Iribarne


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