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Magia en La Cartuja

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Un simple balón, veintidós jugadores y un terreno de juego. Basta eso para desencadenar una ola de euforia capaz de arrastrar a millones de personas. ... Además de un fenómeno social se diría que el fútbol roza lo sobrenatural. ¿Por qué? Porque suscita fervores y comportamientos rituales inequívocamente mágico-religiosos. Parece una ironía, pero no. Que la final de Copa entre la Real y Atlético vaya a dirimirse en un estadio que lleva el nombre de 'La Cartuja', viene a corroborarlo.

Sea cual sea su nombre, para la afición sus estadios delimitan espacios sagrados. Como lo fue Atocha en su tiempo, como lo sigue siendo Wembley. Templos del fútbol donde los fieles comulgan con sus doce apóstoles, entrenador incluido. Vestimentas ceremoniales –las camisetas y su culto idolátrico– expandidas a la piel de la grada. Cantos y actitudes igualmente codificados. Invocaciones propiciatorias tomadas de la religión católica –como el 'San Gennaro sostennos en tu mano', coreado por la grey del Nápoles–. La Copa de la victoria, equivalente profano del Santo Grial.

Como los 'magos blancos' se conoció a los diez entrenadores franceses al frente de las escuadras litigantes en la Copa de África de 2016. ¿Qué sucede con los nuestros? Denle una vuelta: Xabi Alonso triunfa en el Bayern Leverkusen, pero no en el Real Madrid. Luis Enrique en el PSG, pero no en el Barcelona. Pep Guardiola en el City, Mikel Arteta en el Arsenal. ¿Ningún mago blanco es profeta en su tierra, o bajo la camiseta que llevó a la gloria en sus días como jugador?

Vayamos con los que se medirán el próximo sábado en La Cartuja. Un argentino de origen italiano, nacionalizado español, el Cholo Simeone. Un norteamericano, también de origen italiano, formado en Alemania, Pellegrino Matarazzo.

Tiembla, aficionado txuri-urdin: ¿Sabes cómo se desglosa su apellido? Procede del siciliano –'matarazzu'–, y antes del árabe –'matrah'–, y se traduce como 'el lugar donde uno se acuesta'. Es decir: el colchón. Por extensión, se aplica a quienes lo fabrican: los colchoneros. Precisamente el nombre de guerra de los atléticos desde 1911 a causa de la similitud de su camiseta y las fundas de los colchones, a rayas rojiblancas, los habituales en el Madrid de entonces.

Viéndolo así, gane quien gane, seguro que la Copa se la llevará un 'colchonero'. Esperemos que blanquiazul. Porque en el fútbol, mutatis mutandis, todo es magia. Y en las cartujas, una vez que el balón echa a rodar, nadie sabe cómo va a acabar la misa.

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