Michel Houellebecq, el escritor-bomba
El lector que en este milenio solo hubiera consumido obras de Michel Houellebecq (MH), en castellano a partir de Las partículas elementales, tendría una visión panorámica del planeta mucho más exacta que las personas que han compartido esta dieta con otros autores menos comprometidos y comprometedores.
En la tercera alternativa, MH aceptaría que los ciudadanos contemporáneos que no hayan leído a nadie pueden permitirse el análisis más ajustado posible de la realidad. El nativo del dominio de ultramar de Réunion ha sido enjuiciado mediante los cánones de la literatura clásica, mientras procedía a su meticulosa voladura. El escritor-bomba.
MH consiste en ponerse el mundo por montera. La mayoría de burgueses ilustrados contemplan esta hipótesis con el mismo jadeo anhelante que una vuelta al mundo en crucero de lujo. Sin embargo, aguantarían menos tiempo respirando la libertad forzosa del escritor que con la cabeza bajo el agua.
Por tanto, y al igual que ocurre con los aspiradores y los lavavajillas, una virtud inapelable de MH es la perdurabilidad. Descontando poemas y demás excrecencias literarias, mantiene su extravagancia artística desde la profética Sumisión hasta que sucumbe en la más reciente Aniquilación. Este lamentable manifiesto de "no matéis a los ancianitos" se despliega en seiscientas páginas, tantas como si el autor entonara una autojustificación.
MH es la versión novelada de Freud. Lucian, por supuesto. Su abdicación narcisista, que le ha llevado a cumplir los setenta culpando a otros de su porno casero y reclamando discos innecesarios, engrandece la gesta anterior. Demuestra que ni el mayor terrorista verbal del mercado artístico estaba preparado para el régimen de libertad incondicional.
He leído cada letra de MH, y solo hay algo más entretenido que uno de sus libros, los libros publicados contra su persona. Constituyen un género literario en sí mismo, describen que el autor de Serotonina deriva hacia el fascismo, racismo, nihilismo, machismo. En efecto son las mismas acusaciones que se emplean encadenadas contra Trump, Picasso o cualquier ser humano que acumula un éxito inexplicable.
MH desmiente a solas la categorización de Gore Vidal, "no volverá a haber novelistas famosos". Hoy tienen que enlazarse en el barro, como Pérez-Reverte y David Uclés en la perversión carpetovetónica, para merecer la atención que en ningún caso suscitarían sus libros. En cambio, al francés que sedujo al ministro de finanzas galo Bruno Le Maire le basta con anunciar una canción. O con rodar una película sobre su secuestro.
MH es caótico, despectivo, dispara desde todas las trincheras, fuma. Y sin embargo, este think tank de un solo hombre ha efectuado predicciones de exactitud escalofriante. Plataforma se publica en 2001, año que algunos ligarán al 11S, y describe unos atentados islamistas bastante similares a la matanza de Al Qaeda en Bali.
La obsesión de la actualidad por adaptarse a MH sobresale en Sumisión, que se publica en 2015, el mismo día de enero elegido por los hermanos Kouachi para asesinar a la redacción de Charlie Hebdo. Una matanza islamista junto a un libro que prevé un inquilino musulmán en el Elíseo.
Como de costumbre, se acusaba al novelista de exagerar, pero ni su visor caleidoscópico se hubiera atrevido a anunciar que un alcalde de Nueva York juraría su cargo sobre el Corán. Es difícil no asociar al niño bien neoyorquino Zohran Mamdani con el Mohammed Ben Abbes presidencial de la novela francesa.
Las dotes adivinatorias de MH se proyectan hasta la prescripción de la segunda victoria presidencial de Macron en Aniquilación. Su insistencia con la nueva fe verdadera le llevó a declarar que "el Islam es la religión más idiota que existe". Se vio obligado a retractarse ante la presión de los tribunales, mientras la opción basada en esa idea se aproxima al Elíseo.
Dentro de la libertad de asociación, existe un paralelismo entre el fundamental Las partículas elementales y el Klingsor de Jorge Volpi.
Son dos excelentes novelas sobre el género que su excelso practicante Carl Djerassi definió como "ficción en la ciencia", inversión de la deplorable ciencia-ficción.
A lo largo de esta página pugna por emerger Cioran, que sitúa en el inconveniente de haber nacido la ristra de calamidades contenidas en las narraciones de MH. Era también inevitable que ambos autores establecieran vínculos existenciales con España. En el caso del novelista, la galardonada La posibilidad de una isla está ambientada en Almería, que aporta la desolación imprescindible. Se funde con una obra que electriza cualquier creación contemporánea, véase Sirat.
