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Una respuesta estructural

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19.03.2026

La guerra de Irán demuestra el peligro de depender del petróleo / Shutterstock

En caso de corte abrupto de suministro de petróleo y gas, ¿cuánto aguantaría Canarias? En las islas se almacenan reservas estratégicas, alrededor de un 3% del total que se dispone en España, cuya gestión corresponde al Gobierno central. Ni siquiera estoy seguro de que el Gobierno autonómico sepa dónde se encuentran. Lo que te dicen es que las reservas durarían entre treinta y cuarenta días (otros interlocutores, más desconfiados, hablan de un plazo de entre tres y cuatro semanas). ¿Y alimentos? Peor, mucho peor. Entre ocho y diez días tardarían en agotarse las harinas, leche, carne, pescados, huevos y fruta. Después de eso quedaría alguna latería, algunos productos liofilizados, y nada más. ¿Y si el desabastecimiento afectara también a productos farmacéuticos y a material quirúrgico? Ocurre lo mismo. En muy pocas semanas nos veríamos abocados a una crisis sanitaria grave. Valgan estas evidencias para dejar clara la vulnerabilidad estructural de Canarias que deriva centralmente de su condición geográfica, pero también de su especialización económica como país proveedor de servicios turísticos que ha renunciado a la agricultura, la pesca y la industria agroalimentaria, aunque lleve ya varios lustros intentando esforzadamente recuperar su producción agropecuaria.

Lo cierto es que hemos tenido suerte. Hemos sido el balneario del balneario europeo, hemos vivido en un espacio geopolítico estable, hemos conseguido cierto estatus normativo en la Unión Europea como región ultraperiférica. Ciertamente algunas crisis han provocado dificultades avivadas por las debilidades de la economía canaria. Sobre todo la de 2008, la peor y más destructiva en los últimos cuarenta años: cerraron miles de empresas que no volvieron a abrir, el desempleo superó el 32% de la población activa, la inversión pública y privada quedó paralizada, el PIB per cápita se congeló, la convergencia socioeconómica con la media europea se detuvo y retrocedió durante años. En 2012 el desempleo de larga duración escaló a cerca del 50% de los parados. Muchos miles de isleños que perdieron su puesto de trabajo a principio de la crisis no consiguieron volver a la vida laboral activa. El impacto social, cultural y emocional de esta catástrofe entre los canarios no ha sido todavía evaluado correctamente. Una de las cosas que hacemos mejor es olvidar, y no solo lo ocurrido hace un siglo, sino lo que pasó anteayer.

Sin embargo ese era un mundo estable. Es el mundo que vivió Canarias como territorio político europeo durante décadas. Eso ha cambiado y cambiará más aún en un futuro inmediato. Marruecos será el principal aliado y socio de los Estados Unidos en la región y exigirá a cambio de su lealtad irrestricta a Washington y Tel Aviv avanzar en su reivindicación de Ceuta y Melilla –sobre las que mantiene un bloqueo comercial feroz sin que el Gobierno español mueva una ceja– y en las aguas canarias y las tierras raras submarinas. Más allá de las ansias de liderazgo regional de Marruecos el orden internacional, basado en tratados, reglas y diálogo diplomático, parece irse al garete. Los más perjudicados son, como siempre, los agentes pequeños. Por ejemplo, Canarias. Por esa insuperable dependencia energética (seguimos avanzando a paso de tortuga en el desarrollo de las energía renovables) y su condición insular Canarias sufre con especial intensidad el encarecimiento de combustible. Y estas crisis serán cíclicas en un mundo en el que los conflictos regionales se sucederán con riesgo alto de consecuencias imprevisibles. Y solo caben dos caminos. Primero organizar logísticamente unas reservas estratégicas de combustible, alimentos y productos farmacéuticos básicos que nos proporcionen un par de meses de respiro si ocurre una catástrofe impensable. Y segundo consensuar con el Gobierno central mecanismos para estabilizar los costes energéticos, pidiendo Canarias, tal y como reclama el Gobierno de Fernando Clavijo, utilizar sus recursos financieros para proteger la actividad económica y sostener los servicios públicos si la crisis se prolonga y deviene necesario. Que lo será.

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