Reformar el modelo sanitario
Jesús Delgado junto a la consejera de Sanidad, Esther Monzón, en una rueda de prensa en una fotografía de archivo / Arturo Jiménez
Imagino que en alguno de los próximos pleno parlamentarios la consejera de Sanidad del Gobierno autónomo, Esther Monzón, deberá explicar la dimisión del gerente de Atención Primaria de Tenerife, Jesús Domingo Delgado. No conozco ningún Gobierno que disfrute destituyendo a sus miembros, ciertamente, pero en la praxis gubernamental de Coalición Canaria existe verdadera repugnancia por los ceses. Es probable que la razón última del rechazo es que la estructura insular de CC se traslada inmisericordemente a la estructura del Ejecutivo. Siempre he creído que se trata de uno de los hándicaps del proyecto coalicionero y de su estilo de gobierno. Es natural que el presidente del Gobierno dialogue y consulte con algunas personas la designación de tal o cual consejero, pero en el Universo CC no ocurre exactamente eso, sino más bien lo contrario. Son las organizaciones insulares los que dialogan y consultan con el presidente del Gobierno el consejero que les toca, a veces perfectamente predefinido, otras no tanto. En este contexto, Esther Monzón fue más una elección de Fernando Clavijo que de CC de Gran Canaria. La consejera proviene de ese invento de los Bravo de Laguna, Unidos por Gran Canaria. En todo el desarrollo –no particularmente brillante – de Unidos por Gran Canaria Monzón fue uno de los pocos cargos públicos que alcanzó cierta notoriedad e incluso una imagen de profesional currante y solvente. No ha sido la peor titular que haya padecido el sistema sanitario público canario. Pero sus resultados distan de ser satisfactorios.
El principal problema de la sanidad pública no es la carencia de medios económicos. El presupuesto del Servicio Canario de Salud no ha dejado de crecer ni con el anterior Gobierno, el presidido por Ángel Víctor Torres, ni con el actual, que ha realizado un esfuerzo presupuestario enorme desde que diseñó sus primeros presupuestos autonómicos. Los problemas derivan de un modelo de gestión que funciona con una eficacia y eficiencia declinantes, incapaz de responder a la creciente presión asistencial. Entre el 1 de enero de 2019 y el 1 de enero de 2025 – apenas seis años – el número de residentes en el archipiélago aumentó en 105.000 personas, todas con derecho a una sanidad (matizadamente) gratuita y universal. Si retrocedemos un poco más, en los quince años previos a 2025 el número de residentes creció más de 210.000 personas, casi el 75% de la población sumada entre La Laguna y Telde. La sanidad pública trabaja cotidiana y no excepcionalmente a marchas forzadas. El actual modelo fue diseñado e implementado en los años noventa del siglo pasado, después de asumir la Comunidad autónoma las competencias en sanidad. El Servicio Canario de Salud se ha convertido en una administración en sí mismo y se ha transformado en un laberinto burocrático y normativo. Por supuesto que es imprescindible aumentar la contratación de médicos en varias especialidades y de enfermeros. Pero lo fundamental es un cambio de gestión centrado en seis espacios de reforma: la atención primaria como verdadero corazón del sistema de salud, la desburocratización del SCS, la despartidización de las gerencias y las direcciones de los centros hospitalarios, la comunicación y coordinación en la información digitalizada de todos los niveles, la mejora y optimización de los servicios de urgencia y una educación sanitaria básica en los niveles obligatorios de enseñanza.
El portavoz parlamentario del PSOE en materia de Sanidad, Miguel Ángel Pérez del Pino, suele indignarse en la tribuna por la situación sanitaria del país y recuerda las escenas dantescas en las urgencias hospitalarias. No le falta razón, pero desgraciadamente esas mismas situaciones se repetían bajo el Gobierno de Torres. Si en algo urge diálogo, negociación y pacto entre los grandes partidos es en consensuar un modelo sanitario más descentralizado, más capaz de responder eficientemente a la demanda, más sostenible u menos manirroto. Nos va literalmente la vida en ello. n
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