Democracia herida
La verdad, tanto en la acepción de conformidad de las cosas con el concepto que de ellas forma la mente o también, en la armonía de lo que se dice con lo que se siente o se piensa, debería ser uno de los patrimonios más valiosos de la política. Vivimos tiempos de profunda crisis de credibilidad, por cierto, con toda la razón, debido principalmente a los comportamientos, llamémoslo educadamente, erróneos de los que ocupan o están en la oposición dentro de lo público. Para una parte importante de la sociedad, la política ha dejado de evocar una prestación de servicio, para convertirse en sinónimo de privilegio, oportunismo o engaño. Puede parecer una exageración, pero ciertamente la realidad supera la ficción. Sin embargo, qué ocurriría si nadie estuviera dispuesto a asumir la responsabilidad de gestionar lo comunitario.
La respuesta es obvia y a la vez sencilla, una sociedad sin instituciones eficaces ni personas dedicadas a la gestión pública sería incapaz de garantizar la seguridad, la justicia, la educación, la sanidad, las infraestructuras, la........
