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La democracia está fría, vieja y cansada

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08.09.2026

La nostalgia es un sentimiento que se dispara con el miedo, la ansiedad y el malhumor. El futuro ha dejado de ser un destino prometedor y superador para los bolivianos. Ya no tenemos prospección, planificación y, hasta incluso, visión de futuro. Lo que hay es un anclaje hacia el pasado. Hemos empoderado los tiempos viejos y los hemos glorificado, cuando en realidad, deberíamos potenciar una mirada hacia adelante. Pero no podemos hacer ese ejercicio porque el futuro ha dejado de ser prometedor y un acelerador de promesas por alcanzar: un mejor trabajo, un mejor sueldo, una posible compra de un vehículo, salir profesional, pagar los estudios de los hijos, tomarse unas vacaciones. Nada de esto es posible para el trabajador boliviano promedio. Nada.

No es sólo Bolivia. Que padece una durísima desinstitucionalización. Quizás la más profunda de toda su historia republicana que desnuda una carencia de reglas estables de largo plazo junto a una política pública que ponga al ciudadano como centro de atención para resolver todas sus demandas sociales. Muy por el contrario, se ha dinamitado toda confianza y credulidad (entiéndase de credo, de tener fe en algo o en alguien). La lista de orfandad social es larguísima y en cada una de las ventanillas públicas, la conducta incivilizada es la norma.

Hoy cada ciudadano que se acerca a cualquier institución pública sufre de un abuso de........

© El Deber